Poner los límites a prueba - la doble carga de un desastre y la diabetes


 

¿Cómo medimos una crisis diabética? Vivir con diabetes, especialmente con tipo 1, en el mundo desarrollado a menudo deja al descubierto las limitaciones de las terapias y los medicamentos que salvan la vida: analizarse la glucemia de cinco a diez veces al día, inyectarse insulina en cualquier lugar de seis a diez veces diarias, llevar dispositivos médicos por vía subcutánea y tratar la hiperglucemia y la amenaza de complicaciones frente al estrecho control glucémico y el riesgo consiguiente de hipoglucemia, que puede ser grave o incluso fatal. En las mejores circunstancias, las terapias contra la diabetes son difíciles, pero las personas pueden sobrevivir.

Ahora, imaginemos una doble carga, como el aislamiento y las privaciones de la guerra o un desastre natural: éstas son regiones sin electricidad, alimentos o agua limpios, asistencia médica o suministros diabéticos esenciales. Pensemos en el niño de diez años que vive con diabetes tipo 1 que, mientras sobrevive en un campo de refugiados, finalmente consigue una tira reactiva de un trabajador de ayuda. El resultado del test es alarmante; quizá supere con creces los 40 mmol/l (720 mg/dl), en parte, probablemente, porque acabe de comer su primer bol de alimentos en una semana. ¿Cuánto tiempo va a sobrevivir sin insulina?

Poner a prueba los límites de la diabetes en un mundo en donde la muerte temprana por esta afección se puede prevenir es algo intolerable e injusto, pero sigue sucediendo hoy día en muchas regiones del mundo. Afortunadamente, a veces llega ayuda que salva vidas en un clima en el que las operaciones internacionales de socorro suelen dictar que “la diabetes no está en el marco y no es una emergencia”.

Nuestro informe especial se centra en tres regiones y las voces de quienes más cerca están de la diabetes en las crisis medioambientales o políticas: los médicos y los trabajadores de ayuda que socorren a las personas que, sin suministros diabéticos, sobreviven tras el tifón Haiyan en Filipinas; un equipo de distribución de insulina y un líder de la defensa pública que se arriesgan por llevar insulina a los más necesitados en Siria y un equipo de especialistas que salva las vidas de miles de personas que viven con diabetes en la República de Mali.