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La aparición relativamente reciente de diabetes tipo 2 en niños, una afección que en otro tiempo se consideraba de “aparición tardía”, se contempla con consternación en todo el mundo. Las guías dirigidas a los profesionales sanitarios que tratan a niños solían centrarse en la diabetes tipo 1; es ahora que se está viendo que la diabetes tipo 2 en niños es una afección grave y como mínimo igualmente difícil de controlar. El capítulo dedicado a los niños en la Guía Global quiere aumentar la concienciación sobre estos problemas, que afrontan cada día más familias.
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La diabetes aumenta los riesgos durante el embarazo tanto para la madre como para el niño. Sin embargo, el asesoramiento antes del embarazo siempre que sea posible, la detección de la diabetes no diagnosticada o nueva (gestacional) durante el embarazo, con un estrecho vínculo entre los profesionales sanitarios implicados en la atención diabética, obstétrica y neonatal, pueden ayudar a conseguir los resultados deseados de una madre y un bebé sanos.
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Normalmente, cuando pensamos en las complicaciones diabéticas pensamos en lesiones cardíacas y de los vasos sanguíneos, de la vista, el riñón y el sistema nervioso. Las lesiones de los vasos sanguíneos, junto con las lesiones nerviosas, generan problemas en los pies. La protección del corazón, los vasos sanguíneos y los riñones se trata en un artículo anterior, ya que se consigue mediante el control de los niveles de glucosa en sangre.
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Las personas con diabetes tipo 2 sufren graves enfermedades de corazón, derrames cerebrales y ven dañado el riego sanguíneo hacia los pies. De hecho, estas afecciones cardiovasculares son causa principal de enfermedad y muerte en personas con la afección. Un importante porcentaje de estas enfermedades se puede prevenir si se presta atención a los niveles de grasa y azúcar en sangre, a la tendencia de la sangre a coagularse y a la tensión arterial.
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Es importante no pensar que se está “tratando” la diabetes. Y es importante no pensar que el control diabético consiste tan sólo en reducir los niveles de glucosa. Otros aspectos de su control son lo suficientemente importantes como para necesitar capítulos por separado, tanto en la Guía Global como en este Suplemento. Sin embargo, el control glucémico es fundamental en el control de la diabetes tipo 2, y casi todas las personas que tienen la afección necesitarán medicamentos hipoglucemiantes por vía oral para ayudar a optimizar este importante factor de riesgo cardiovascular.
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El control glucémico es, por naturaleza, el protagonista de la diabetes y de las complicaciones que se pueden llegar a desarrollar con el paso del tiempo. Desgraciadamente, la persona con diabetes no lo percibe, a no ser que los niveles sean muy altos o muy bajos. En consecuencia, el control de la glucosa en sangre se debe medir de manera fiable, tanto en la clínica como fuera de la misma. Evidentemente, después deberían relacionarse los resultados con el riesgo de desarrollar complicaciones, y, a partir del mismo, definir los objetivos y los niveles de intervención.
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La Federación Internacional de Diabetes (FID) no se dedica a prestar atención clínica a las personas con diabetes; pero está comprometida con la idea de que todas las personas con diabetes deberían recibir la mejor atención de las accesibles en su entorno. Un fundamento para este tipo de atención es garantizar que se basa en los mejores conocimientos científicos posibles. En este Suplemento de Diabetes Voice resumimos en un lenguaje no técnico la base científica y las consejos de la Guía Global de la FID.
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Como pacientes, muchos de nosotros asumimos que estamos
recibiendo el mejor tratamiento posible para cualquier
afección médica que podamos tener, y las personas con
diabetes no son una excepción. Sin embargo, con la creciente
importancia de la capacitación y la capacidad de elección,
muchos de nosotros ya no estamos preparados para asumir
sencillamente que el tratamiento que estamos recibiendo
es el mejor de entre los disponibles. Para otros, surgen
dudas cuando un tratamiento parece ineficaz o tiene efectos
secundarios. ¿Es el tratamiento prescrito el más adecuado?
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